Hay un gas en tu casa. No lo hueles. No lo ves. No tiene color ni sabor. Entra por el suelo, se cuela por las grietas de los cimientos, por las juntas de las tuberías, por las fisuras del forjado. Se acumula en las habitaciones de abajo. Se queda ahí, quieto, mientras tú respiras.
Se llama radón. Y es la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo, solo por detrás del tabaco.
Esto no es una exageración para asustarte. Son datos de la Organización Mundial de la Salud.
Qué es el radón y de dónde sale
El radón es un gas radiactivo natural. Viene de la desintegración del uranio-238, que está presente en la corteza terrestre de forma natural. Especialmente en suelos graníticos. El uranio se desintegra en radio, el radio se desintegra en radón, y el radón sube.
Es un gas noble. Inerte. No reacciona con nada. Pero al desintegrarse a su vez, emite partículas alfa que son las que hacen daño. Cuando inhalas radón, esas partículas impactan directamente en el tejido pulmonar. A nivel celular, eso significa daño al ADN. Día tras día. Año tras año.
Fuera, al aire libre, el radón se dispersa y las concentraciones son mínimas. El problema es cuando se acumula en espacios cerrados. Y las casas modernas, con su aislamiento térmico y su estanqueidad, son trampas perfectas para el radón. Sellamos las casas para ahorrar energía y el gas se queda dentro sin poder salir.
Los números que deberían preocuparte
El radón causa unas 19.000 muertes al año por cáncer de pulmón solo en Europa. Es responsable de aproximadamente el 9% de todas las muertes por cáncer de pulmón en el continente. En España, las estimaciones hablan de entre 1.500 y 2.000 muertes anuales.
El estudio de referencia es el European Radon Project (Darby et al., 2005), que analizó 13 estudios de casos y controles en diferentes países europeos. Su conclusión: el riesgo de cáncer de pulmón aumenta un 16% por cada 100 Bq/m³ (becquerelios por metro cúbico) de incremento en la concentración de radón.
Y aquí viene lo que de verdad importa: no hay un nivel seguro. El riesgo es lineal y sin umbral. Cuanto más radón, más riesgo. Pero incluso a concentraciones bajas, el riesgo existe.
Si además fumas, el efecto se multiplica. No se suma. Se multiplica. Un fumador expuesto a radón tiene un riesgo de cáncer de pulmón hasta 25 veces mayor que un no fumador sin exposición.
Zonas de riesgo en España
El radón no está repartido uniformemente. Depende de la geología del suelo. En España, las zonas de mayor riesgo coinciden con los suelos graníticos:
Galicia. La comunidad con más radón de España. Suelo granítico en prácticamente toda su extensión. Estudios del Laboratorio de Radón de Galicia han encontrado viviendas con concentraciones que superan los 1.000 Bq/m³. La referencia de la OMS para actuar está en 300 Bq/m³.
Oeste de Castilla y León. Salamanca, Zamora, Ávila. Granito y pizarra. Zona de riesgo alto.
Extremadura. Cáceres especialmente. Batolito granítico enorme.
Sierra de Guadarrama y Sistema Central. Madrid norte, Segovia. Granito.
Pirineo. Donde yo vivo, en la Cerdanya. Suelo granítico, casas antiguas de piedra, ventilación a veces escasa en invierno porque hace un frío que pela. El radón se acumula en las plantas bajas durante los meses fríos cuando menos ventilamos.
Cataluña interior. Zonas del Prepirineo y comarcas con sustrato granítico.
No quiere decir que si vives en Madrid centro o en Valencia estés libre. Puede haber bolsas locales de suelo con alta emisión de radón en zonas donde no lo esperas. Pero las zonas graníticas son las de riesgo sistemático.
En 2022, España publicó por fin un mapa de zonas de actuación prioritaria por radón, siguiendo la Directiva Europea 2013/59/EURATOM. Llegamos tarde —otros países llevaban décadas con programas de medición— pero al menos ya existe una referencia oficial.
¿Cómo llega el radón a tu dormitorio?
El radón sube del suelo por diferencia de presión. Tu casa actúa como una chimenea: el aire caliente interior sube y crea una depresión en las zonas bajas que «aspira» el aire del subsuelo. Con el aire, entra el radón.
Las vías de entrada son:
- Grietas en la solera o el forjado sanitario. La más habitual.
- Juntas entre suelo y paredes. Si no están selladas, son autopistas para el gas.
- Tuberías y conductos que atraviesan el suelo sin sellado perimetral.
- Sótanos y plantas bajas sin ventilación. El radón es más pesado que el aire y tiende a acumularse abajo.
- Materiales de construcción. Algunos granitos, pizarras y escorias volcánicas usadas como áridos pueden emitir radón directamente desde las paredes.
En invierno, cuando más cerrada está la casa, la concentración sube. En verano, con ventanas abiertas, baja. Pero el problema es que el cáncer no funciona por temporadas. La exposición acumulada durante años es lo que cuenta.
Cómo se mide
Medir el radón es sencillo y barato. No necesitas a un experto para la primera medición (aunque sí para interpretarla bien y actuar en consecuencia).
Detectores pasivos. Son pequeños dispositivos que se dejan en la habitación durante al menos 3 meses (idealmente en invierno). Absorben las partículas alfa y después se envían a un laboratorio que te da la concentración media. Cuestan entre 30 y 50 euros. Se colocan en el dormitorio y en la planta más baja que uses habitualmente.
Monitores digitales continuos. Dan lecturas en tiempo real. Son más caros (desde 150 euros) pero te permiten ver las fluctuaciones a lo largo del día y la noche. Útiles si quieres entender los picos.
Medición profesional. Dentro de un estudio geobiológico, medir el radón es parte del protocolo. Yo lo incluyo siempre en zonas de riesgo. No tiene sentido medir campos electromagnéticos y líneas Hartmann si no miras también lo que sube del suelo.
La OMS recomienda actuar a partir de 300 Bq/m³. Pero la Unión Europea sugiere 300 Bq/m³ como máximo para viviendas existentes y 200 Bq/m³ para obra nueva. Muchos expertos en salud ambiental consideramos que el objetivo debería ser estar por debajo de 100 Bq/m³.
Cómo se corrige
La buena noticia: el radón se puede reducir drásticamente. Las soluciones existen, están probadas y funcionan.
Ventilación. Lo más simple y lo más inmediato. Abrir ventanas 10-15 minutos cada mañana, especialmente en plantas bajas. En invierno cuesta, lo sé. Pero esos 10 minutos de frío renuevan el aire y bajan la concentración de golpe. Luego cierras y la casa recupera la temperatura.
Sellado de grietas y juntas. Tapar las vías de entrada con materiales específicos (siliconas, membranas impermeables). No elimina el radón pero reduce significativamente la entrada.
Sistemas de despresurización del suelo. Es la solución más efectiva para casos severos. Se instala un tubo bajo la solera que aspira el aire cargado de radón y lo expulsa al exterior antes de que entre en la casa. Puede ser activo (con un ventilador) o pasivo (por convección natural). El activo es más eficaz y funciona 24/7.
Cámaras de aire ventiladas. En obra nueva, el forjado sanitario ventilado es la mejor prevención. Una cámara de aire entre el suelo y la solera que permite la circulación y evita que el radón se acumule.
Barreras antirradón. Membranas especiales que se colocan entre el terreno y la construcción. Para obra nueva o rehabilitaciones profundas.
Después de aplicar las correcciones, se vuelve a medir. Siempre. Porque una cosa es lo que debería funcionar en teoría y otra lo que funciona en tu casa concreta. El dato manda.
Lo que me encuentro en las casas
En la Cerdanya, donde trabajo habitualmente, muchas casas son antiguas, de piedra, con sótanos sin ventilar y plantas bajas donde la gente duerme. Suelo granítico. Inviernos largos. Ventanas cerradas de noviembre a marzo.
He medido dormitorios con concentraciones que superan los 400 Bq/m³. En un sótano habilitado como habitación, más de 700. La gente llevaba años durmiendo ahí sin saber lo que respiraba cada noche.
No lo digo para generar alarma. Lo digo porque la solución es relativamente fácil una vez sabes que tienes el problema. Lo difícil es el paso previo: darte cuenta de que hay algo que medir.
El radón no sale en las noticias
Y eso es lo que más me frustra. Mueren entre 1.500 y 2.000 personas al año en España por exposición al radón y no hay campañas públicas, no hay concienciación masiva, no aparece en los telediarios. Cuando hay un brote de legionela, sale en todos los medios. El radón mata a más gente cada año y nadie habla de ello.
Parte del problema es que el radón mata lento. No ves el efecto inmediatamente. El cáncer de pulmón aparece después de años de exposición acumulada. Y cuando aparece, nadie asocia tu enfermedad con la casa donde dormiste 20 años.
Pero la evidencia está ahí. Publicada. Revisada por pares. Aceptada por la OMS, la UE y el Consejo de Seguridad Nuclear de España. No es discutible.
Qué puedes hacer hoy
Si vives en una zona granítica —Galicia, oeste de Castilla y León, Extremadura, Pirineo, Madrid norte— o en una casa antigua con planta baja o sótano, mide. Es lo primero. Antes de preocuparte, mide.
Un detector pasivo de 40 euros y tres meses de paciencia te dan la respuesta. Si está por debajo de 100 Bq/m³, respira tranquila. Si está entre 100 y 300, ventila más y valora sellado. Si pasa de 300, actúa.
Y si lo que quieres es un estudio completo de tu vivienda —radón, campos electromagnéticos, geopatías, todo lo que afecta al lugar donde duermes— eso es exactamente lo que hago. Mido todo. Corrijo lo que se pueda corregir. Y te enseño los números antes y después.
Tu casa no tiene que ser un riesgo. Puede ser el lugar más seguro que tengas. Pero primero hay que saber qué hay dentro.
→ Si vives en zona de riesgo y quieres saber qué respiras, escríbeme en tuespaciosaludable.com.
Zeneida Serra — Domoterapia y Geobiología
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